Repaso Histórico de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Los Pasos en el Monte Calvario

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SITUACIÓN GENERAL

El año 1706, el mismo del arranque fundacional de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario, viene marcado indiscutiblemente por la Guerra de Sucesión, declarada en 1701 a causa de la muerte de Carlos II el 1 de noviembre de 1700 al no dejar descendencia. Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, heredó el trono de España a lo que se opuso el archiduque Carlos, descendiente de Leopoldo I, emperador de Austria, estallando un conflicto bélico que terminaría en 1713, con el Tratado de Utrech, y se decantaría a favor de la Casa de Borbón. Los ecos de los acontecimientos que se sucedían llegaban a cualquier parte de la Península. Por lo que respecta a Málaga, partidaria del rey Felipe V, en las actas del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral se recoge que el deán había informado el día 1 de marzo de 1706: «q.e el Rey Nuestro Señor había salido de Madrid p.a los ejercitos de Cataluña y sería bien el q.e se hiciese demostración de rogativa pidiendo a Dios le guardase y diese buen suceso y victoria contra los enemigos: y se acordó q.e desde mañana se haga un octavario poniendo a Nuestro Señor manifiesto y q.e esta primera misa se diga con toda solemnidad, convidando a la Ciudad p.a q.e asista a pedir a Dios con el pueblo para esta necesidad»1.

Retrato de Felipe V

Días más tarde, el 18 de marzo, nuevamente el presidente del Cabildo catedralicio propuso que: «dos regidores de la Ciudad le trajeran legacía p.a este Cabildo y pidieron q.e si les querían excusar de entrar en él para hacerla, se la dirían al decir, y con efecto le dijeron como la Ciudad había tenido carta de la Reina Nuestra Señora en q.e pedia se hiciesen rogativas públicas por el buen suceso del Rey Nuestro Señor q.e había salido a sus ejércitos de Cataluña pidiendo a Dios por el buen suceso de sus armas, y q.e se habia acordado traer a esta Sta. Ygl.a la imagen de Nuestra Señora de la Victoria y hacerle un octavario de misas y sermones para el referido fin; q.e si el Cabildo daba licencia se ejecutaría haciendo procesión general y el Sr. Dean les había respondido a los dhos diputados q.e lo propondría al Cabildo y lo q.e se resolviese les avisaría, con lo q.e pidió se confiriese sobre la proposición y se acordase lo q.e conviniese. Y habiendo conferido largamente se acordó lo primero q.e se responda a los dhos diputados como el Cabildo les excusa de q.e entren a hacer la legacía por excusarse de cumplimientos, acompañamientos y cortesanías. Y lo segundo q.e se traiga a Nuestra Señora de la Victoria, participándolo al Sr. Obispo p.a q.e mande convidar las parroquias, cofradías y religiones p.a la procesion, y q.e el cabildo está pronto p.a decir las misas, y q.e la Ciudad con el Obispo conviden los predicadores y se les diga q.e por las ocupaciones de los oficios de Semana Santa se traiga a Nuestra Señora el lunes después de la Dominica in Albis»2.

Al margen de este asunto de índole general, al que las autoridades eclesiásticas y civiles malacitanas prestaban la pertinente atención como se extrae de las dos citas literales, en nuestra capital se suceden en 1706 dos hechos de ser resaltados: el primero, la muerte el 11 de mayo del capitán Juan de la victoria Ovando y Santarén, caballero de la Orden de Calatrava, poeta y hermano mayor de la Cofradía de la Columna de la iglesia parroquial de San Juan3; y el segundo, la fundación de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario.

FUNDACIÓN

La falta de fuentes documentales, especialmente el acta constitucional de la Hermandad que debería guardarse en los protocolos notariales de alguna escribanía del Archivo Histórico Provincial de Málaga, impide que se precise el día y mes, la identidad de los fundadores y los motivos que éstos propusieron para la génesis de esta corporación penitencial. Se argumenta, sin demasiada consistencia, que ésta nació de la escisión de un grupo de hermanos de la Cofradía del Santo Cristo del Monte Calvario, existente en dicho enclave a finales del siglo XVII y principios del XVIII4. En todo caso, la naciente fraternidad se erigió canónicamente en la iglesia de San Lázaro, sita en el barrio de la victoria. Recordamos que este templo formó parte del recinto hospitalario de igual nombre mandado construir por los Reyes Católicos entre 1492 y 1500. Se situó a las afueras del recinto amurallado con objeto de que la población no se contagiara de lepra, puesto que los portadores de la enfermedad vagaban libremente por las calles y se mezclaban con los habitantes5.

Los impulsores de la Hermandad adquieren en una fecha indeterminada una imagen de un Nazareno, de autor anónimo aunque la crítica artística la atribuye a la producción del turolense José Micael Alfaro, con la finalidad de rendirle culto público en la iglesia de San Lázaro. Esta efigie se mantendría como Titular hasta el 11 de mayo de 1931, en que fue destruida en los impíos asaltos a los edificios religiosos6.

Los hermanos de la corporación victoriana eligieron el pasaje piadoso, no especificado en ninguno de los evangelios canónicos, con la representación iconográfica en que Jesucristo cae una de las tres veces camino del Calvario, demostrándose con ello el vivo interés por el ejercicio del vía Crucis.

Sabemos que, en 1711, la Hermandad contó con unos Estatutos aprobados bajo la mitra de Fray Francisco de San José (1704-1713), si bien sus miembros debieron regirse en sus primeros años por un antecedente de Reglamento interno. No se cuenta, por desgracia, con ningún ejemplar de estas primitivas Constituciones. Sí se han conservado, en cambio, las reformadas y confirmadas por Isabel II, según Real Decreto de 18 de enero de 18617, que abordaremos más adelante.

Hay que recorrer todo el Setecientos hasta llegar a 1795 y encontrar el primer documento original que hace mención a la Hermandad8. En esa fecha que señalamos fue confeccionada por Jueces de la Santa Cruzada una relación de cofradías, hermandades y congregaciones que con el título del Santísimo Sacramento, Rosario, Ánimas o cualquier otra advocación se hallaban fundadas o erigidas en parroquias, conventos, ermitas y santuarios, donde aparecían los censos y rentas de las posesiones que gozaban. Eran llamados a declarar hermanos mayores, mayordomos, albaceas, administradores, capellanes y sacristanes de cada una de las entidades del tipo o carisma que fueren.

Así pues, en el listado en el que aparecen detalladas cada una de las confraternidades podemos apreciar cómo en la «Capilla de San Lasaro» se encuentra establecida y en activo la Hermandad de los Pasos9. Evidentemente, figuran en este documento otras muchas cofradías penitenciales —algunas de ellas actualmente desaparecidas—, repartidas por los diversos templos y recintos sagrados de la geografía local.

Los citados cargos u oficios estaban obligados a prestar la debida declaración ante un notario eclesiástico. En el caso que tratamos José Ferro, hermano mayor de la «Hermand. de los pasos de Jesús», se presentó el 6 de mayo de 1795 a instancias del notario eclesiástico, Francisco de Paula León, para ser informado de cierta declaración que tendría que prestar en fechas venideras10. Efectivamente dos semanas después fue citado de nuevo José Ferro para que ante el teniente notario mayor, Francisco Conejo, hiciera juramento y prometiera decir la verdad, presentando un Libro de Cuentas de la Hermandad que estaba a su cargo, donde constaba el dinero que se había recibido cada año, en la etapa comprendida entre 1789 y 1794. La cantidad ascendía a 610 reales de vellón sin que hubiese otras rentas y bienes11.

La lectura que se extrae manifiesta el fervor popular que, por entonces, gozaba la imagen de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario, dado que su culto en la iglesia de San Lázaro se mantenía gracias al óbolo de sus cofrades, fieles y devotos.

APELLIDO FERRO

Ésa no ha sido la única mención localizada del hermano mayor de la Hermandad victoriana, José Ferro. En un testamento otorgado por el matrimonio formado por Martín Trei y Francisca Ferro Segovia ante el escribano Blas de Mesa el 13 de octubre de 1794, figura el referido Ferro12. En el documento en cuestión había sido designado uno de los albaceas testamentarios, al que se le confería y daba poder para que se cumplieran las mandas testamentarias, como así deseaban los solicitantes.

Esta referencia permite creer, por ende, en la existencia de cierto parentesco, aunque se desconozca el grado de consanguineidad. Esta causa explica el hecho de que el referido matrimonio estuviese inscrito en la nómina de cofrades de la Hermandad de San Lázaro, como se refleja en el documento que se expone. Martín Trei, hijo de Martín Trei y Dominga Durán, naturales el primero de Guchan [sic](Francia) y la segunda de Salvatierra (Álava); y Francisca Ferro Segovia, hija de Andrés Ferro y Rosalía Segovia, nacido el padre en Tarifa y la madre en Málaga. La pareja contrajo nupcias en 1782 en la iglesia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral. Trajo al mundo una hija, María de los Dolores Trei Ferro, a la que declararon heredera universal de sus bienes y propiedades13.

En el protocolo se decía lo que sigue: «quando la divina voluntad, se sirva sacar ntras. Almas de esta presente vida á la Eterna nros. cadaveres sean embueltos y amortajados, y sepultados con el avito, y en la Capilla de S.or S.n Lazaro con la forma de entierro que acostumbra la Herm.d sita en ella, ciendo, en esta Ciudad ntro. Fallecim.to y si fuese en otro pueblo en la Parroquia de donde seamos feligreses asiéndose nos apliquen los sufragios de nra. Herm.d y que dos entierros siendo en ora de selebrar estos oficios se digan p.r nras. Almas Misa de cuerpo presente con vigilia y responso como es costumbre (…)»14.

Aunque no se cita explícitamente el nombre de la Hermandad, en esa época la única existente en la iglesia de San Lázaro era la de los Pasos en el Monte Calvario, pues la Congregación del Santo Cristo de la Epidemia no se establecería hasta el primer decenio del siglo XIX15 y, por lo menos, permanecería en este recinto hasta la segunda mitad de la centuria, pasando a radicarse en la iglesia de la victoria, en la que ya se encontraba en 190216.

Como se ha reflejado líneas más arriba, uno de los albaceas testamentarios fue «Josef Ferro» y el otro «Ph.e Baron Prev.o», a: «quienes nos conferimos y damos suficiente Poder bastante en dro. para que fallecidos entren en ntros. vienes, y vendan en Publica Almoneda, y fuera de ella los que vastasen a el cumplim.to de ntra. disposición q.e asi es nra. voluntad. Y en el Remanente que quedare, y finicare de todos mis vienes titutlos dros. y acciones, y futuras sucesiones dejamos y nombramos p.r ntra. unica heredera a la D.a Maria de los Dolores Trei y Ferro ntra. hija p.a que todo lo lleve, y herede con la vendicion de Dios y la ntra. que asi ntra. ultima voluntad»17.

José Ferro

Firma de José Ferro

Firma de José Ferro

Documento de 1795

 

ENTERRAMIENTOS

Ya que se hace referencia a las obligaciones estatutarias de la Hermandad en favor de los asociados en relación a los enterramientos, no hay que olvidar el auténtico sentido o fin de estas corporaciones en la época que se trata, que no era otro que el de actuar como mutuas de entierro. Así, las salidas penitenciales estaban supeditadas a las condiciones económicas por las que atravesara cada cofradía que no solían ser, por cierto, muy boyantes puesto que los gastos por la atención corporal y espiritual de los hermanos debían ser elevados y cuantiosos.

Por las anotaciones en los Libros Sacramentales de la parroquia de Santiago, a cuya jurisdicción canónica-eclesiástica pertenecía en ese período la iglesia de San Lázaro, hemos podido conocer la identidad de algunos cofrades de la Hermandad de los Pasos que solicitaban a finales del siglo XVIII y primeros del XIX la sepultura en la cripta del templo. Esta práctica funeraria debió ponerse en marcha una vez que el hospital dejó de acoger a leprosos a partir del año 1786, siendo el establecimiento sanitario trasladado a la vecina ciudad de Granada18.

En el período cronológico de 1796 a 1803 fueron enterrados los siguientes hermanos: el 9 de marzo de 1796, María de Porras19; el 14 de septiembre de 1796, Diego Fernández, marido de Josefa García20; el 6 de febrero de 1798, To- más Urenda21; el 8 de mayo de 1799, María González, mujer de Juan de la Rosa22; el 12 de agosto de 1799, Francisco Gómez23; el 28 de mayo de 1801, Luisa Noy, viuda de Pedro Díaz24; el 15 de julio de 1801, Juan Alonso de Flores25; el 22 de noviembre de 1801, Francisca Martín26; el 4 de marzo de 1802, Antonio Morea27; el 10 de marzo de 1802, Manuel Collado28; el 2 de febrero de 1803, María Teresa Moreno29; el 23 de marzo de 1803, Antonio Martín30; el 28 de junio de 1803, Juan Herrera31; el 5 de octubre de 1803, Juan Antonio Tejón32 y José López, marido de Juana Martín33; y el 16 de octubre de 1803, Francisco López34.

Cripta de San Lázaro

A partir de 1813, y según órdenes de las autoridades municipales, quedaba prohibido los enterramientos en los recintos sagrados, salvo contadas excepciones. En los citados Libros se recoge la inhumación del primer miembro de la Hermandad de los Pasos enterrado en «el sitio señalado por el gobierno», o sea el camposanto público. Se llamaba Tomás del Castillo, marido de María del Pilar Castillo35.

La Hermandad de San Lázaro consciente de la situación imperante decide adquirir un terreno en el cementerio de San Miguel y construir un panteón para cumplir con las obligaciones estatutarias, como las cofradías de Llagas y Columna, Nazareno del Paso, Viñeros, Concepción Dolorosas, entre otras36. En 1831, el hermano mayor, Gabriel Atienza, recibe una notificación que contiene unas instrucciones dictadas por las autoridades municipales de cómo debía procederse en la necrópolis37.

CULTOS

Uno de los principales cultos celebrados por la Hermandad de los Pasos durante la centuria decimonónica fue el Jubileo de las XL Horas. Este ejercicio piadoso tiene su origen en el año 1527, cuando el Padre Juan Antonio Belloti (o Bellosi) mientras predicaba la Cuaresma en Milán, recomendó a sus fieles que permanecieran cuarenta horas seguidas (las que Jesús estuvo en el sepulcro) delante del Santísimo para suplicar por la paz tan débil en aquellos tumultuosos años. Como la asistencia al acto fue tan masiva, se repitió cuatro veces aquel año: en Pascua, Pentecostés, Asunción y Navidad. En fechas inmediatas se actuó de igual manera en la Catedral y parroquias de la ciudad lombarda. San Antonio María zacaria tomó el testigo de Belloti, quien lo había cultivado y fomentado entre pequeños grupos, y lo extendió a todos los fieles. A partir de mayo de 1537, consiguió que la práctica de las XL Horas se hiciera por turnos en cada una de las iglesias de la capital de la Lombardía. En esa misma línea trabajaron fray Bono y el capuchino José Piantanida de Ferno y después San Carlos Borromeo estableció la práctica de las XL Horas en su diócesis. Desde entonces, se extendió el culto eucarístico por todo el orbe católico, gozando de la aprobación de los Sumos Pontífices.

En Málaga, el obispo Manuel Antonio Ferrer y Figueredo (1785-1799) implantó en la Diócesis malacitana el Jubileo Circular de las XL Horas para honrar y adorar al Santísimo Sacramento. La primera indicación documental que hemos localizado de esta práctica eucarística en un templo de nuestra ciudad data de 1788 y tiene lugar en la iglesia de San Julián, que estaba a cargo de la Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, una entidad de carácter benéfico-asistencial fundada a los pocos meses de ser tomada por los Reyes Católicas en 1487 y desaparecida en 196538.

No tenemos constancia escrita de cuándo se inicia este culto sacramental en la corporación victoriana, pero sí podemos asegurar que en 1849 ya tenía lugar: «A las diez celebra la espresada hermandad [de N. P. J. de los Pasos]la funcion de su instituto, siendo orador el presbítero don José Zapata»39.

Haciendo un vaciado de la colección de periódicos El Avisador Malagueño y La Unión Mercantil, que se encuentran a disposición de cualquier investigador en el Archivo Díaz de Escovar de la Fundación Unicaja, llegamos a la conclusión de que en los decenios cincuenta40 y sesenta41 el Jubileo de las XL Horas se vino celebrando en el mes de agosto con cierta regularidad y que, a partir de los años 70, dejan de realizarse estos actos piadosos, quizás debido a diferentes factores que, ante la parquedad documental, no nos atrevemos a señalar.

En los Estatutos de 1861 se decía en el apartado «Objeto de la Hermandad», capítulo primero, artículo 1.o, lo que se reproduce: «Esta Hermandad tiene por objeto esclusivo: 1.o Dar culto á Dios Nuestro Señor en la devota imágen de N. P. J. Nazareno, que con el título de los Pasos, se venera en la iglesia auxiliar de San Lázaro de esta Ciudad, á cuyo fin, ademas de cuidar de la permanencia de este mismo culto, se tendrá en la espresada iglesia una funcion especial el segundo Domingo de cuaresma, de cada año, con dos dias de jubileo circular de las 40 horas, que serán el mismo Domingo precisamente, y el dia anterior ó posterior segun se proporcionará su inscripción en la tabla que para la circular del mismo jubileo se imprime por la congregación de luz y vela»42.

Esta Congregación, conocida oficialmente como «Pontificia y Real Archicofradía de Luz y vela ante el Santísimo Sacramento», tenía su sede canónica en la iglesia de San Agustín y era la que se encargaba de asignar el Jubileo a cada parroquia, iglesia o capilla de asilo y hospital43.

Hecha esta aclaración, ahora nos centraremos en las celebraciones más sobresalientes acaecidas en las décadas de los cincuenta y sesenta, si bien éstas tenían lugar en el mes de agosto y no en la Cuaresma como se cita en el texto literal del artículo 1.o de los Estatutos. En El Avisador Malagueño de 5 de agosto de 1851 se informa: CUARENTA HORAS – Iglesia ausiliar de S. Lázaro por las almas de los difuntos de la hermandad de N. P. J. de los Pasos. Mañana 6 á las diez de su mañana será la funcion principal, la que será oficiada por una lucida orquesta y predicará el presbítero D. José Joaquin Zapata, capellan de coro de la Sta. Iglesia Catedral: á las seis y media de su tarde, despues de los ejercicios religiosos habrá procesion claustral y bendicion con el Augusto Sacramento, acompañada con la música. Lo que se hace saber á todos los hermanos de la referida por si no han recibido papeleta de invitacion».

En la edición del citado periódico del 5 de agosto de 1853, se anuncia que: «El 6 á las diez de su mañana[se]celebra(…) la funcion de instituto, la que será oficiada por una lucida orquesta, y predicará el presbítero D. José Rosado» y a las seis de la tarde, finalizados los oficios, habría una procesión claustral y bendición con el Santísimo; y en la del 5 de agosto de 1854, se comunica a los sacerdotes que quisieran celebrar una misa aplicada en sufragio de las almas de las cofrades Teresa Quero y Olmo y María Sánchez, podrían hacerlo, recibiendo a cambio la cantidad de 6 reales. Es más que probable que la primera de las finadas fuese familiar de Francisco de Quero, hermano mayor de la Cofradía que era, al menos, en el año 1861.

En 1855, tuvo lugar una función religiosa «en sufragio de los difuntos de la hermandad de N. P. Jesus de los Pasos»44.

Al año siguiente, la Hermandad victoriana celebraría «una solemne funcion en celebridad del misterio de la gloriosa Transfiguracion del Señor, en la iglesia de S. Lázaro. Principiará á las nueve y media de la mañana, y predicará el Sr. D. José García Bathé, presbítero de Granada»45.

El día 6 de agosto de 1858, la Hermandad efectuaría una función religiosa en honor de su Sagrado Titular, que daría comienzo a las nueve y media de la mañana, en la que predicaría el presbítero Francisco Ramón de la Rosa. Por la tarde, a las cuatro y media, se realizarían los ejercicios espirituales que dirigiría Emilio Santa María Torre, clérigo tonsurado, bachiller en la Facultad de Filosofía y colegial teólogo del Seminario conciliar. El Jubileo de las XL Horas circularía los días 5 y 6 en sufragio de los hermanos difuntos de la Cofradía46.

En El Avisador Malagueñodel 5 de agosto de 1864 aparece inserto el siguiente anuncio: «El día 6 del corriente mes se celebra en la iglesia de S. Lázaro una solemne función a Ntro. P. Jesus de los Pasos, en la que predicará el presbítero y bachiller D. Emilio Santamaría. Estará S.D.M. manifiesto desde las siete de la mañana hasta concluida la función que dará principio á las nueve y media, y habrá misas de media en media hora desde las siete hasta las doce».

Facilitamos una última noticia, correspondiente a la decisión de un devoto de Nuestro Padre Jesús de los Pasos de costear la función religiosa que oficiaría el Padre Emilio Santa María a las 9 y media del día 6 de agosto de 186747.

Los cultos internos —principalmente el de la adoración al Santísimo Sacramento— se convirtieron en los actos más importantes en la vida corporativa durante el siglo XIX, salvo alguna salida extraordinaria, como la de 1860, efectuada alrededor del barrio de la victoria con motivo de la epidemia de cólera que tanto estrago estaba causando a la población. La iglesia de San Lázaro se convirtió en un centro de peregrinación donde los hermanos y vecinos acudían a venerar al Nazareno de los Pasos y a oír las pláticas de eminentes oradores y las intervenciones musicales de orquestas que, a buen seguro, amenizaban las ceremonias cargadas de la pompa decimonónica.

ROGATIVAS PÚBLICAS

La historia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario está jalonada de episodios históricos, algunos de ellos estrechamente vinculados al devenir de la propia ciudad, como el de la epidemia de cólera que fue declarada en 1860. Por tal motivo, se celebraron rogativas públicas para mitigar los estragos que la enfermedad estaba causando en la población. Una serie de imágenes —entre las que se hallaba la del Nazareno de San Lázaro—, quizás las más populares y devocionales del siglo XIX, fueron procesionadas por cofrades y fieles para impetrar del Cielo que la enfermedad quedara erradicada.

Esta epidemia, entre las muchas experimentadas a lo largo del Ochocientos, sería la que mayor reacción religiosa suscitase entre el pueblo ante la impotencia que suponía no hallar ninguna defensa ante ella en la ciencia médica de la época. Esta circunstancia provocó el consiguiente incremento de los actos de piedad, a los que secularmente se recurría en caso de extrema necesidad.

En las actas capitulares del Cabildo municipal de 1859, ya se daba cuenta de que la pandemia había afectado a la población de Alicante y de que en Algeciras el número de vecinos iba en descenso. La epidemia no se inició en la capital malacitana hasta principios del mes de mayo de 1860, con la llegada de cuatro oficiales y trescientos veinte soldados enfermos procedentes del norte de África. Las autoridades civiles tomaron la decisión de declararla oficialmente el día 11 de mayo.

La prensa local revelaba el 23 de mayo acerca de la propagación de la misma lo siguiente: «(…) empieza á alterarse algun tanto la salud pública en algun que otro pueblo de la provincia. Si es cierto, lo sentiremos».

Esta epidemia provocó varias manifestaciones públicas de fe. Así, el 27 de mayo, desde la parroquia de San Felipe Neri salió una procesión con la virgen de Servitas, que recorrió las calles del barrio de Capuchinos. Al paso de la imagen «se aglomeraba la gente demandando misericordia y alivio á los males que nos afligen».

El día 31, partió otra procesión de la iglesia parroquial de los Santos Mártires con una efigie de la virgen María no especificada: «(…) para dar un testi- monio público de su religiosidad y piedad, aplacar la ira del Señor, y conseguir su misericordia mediante la intercesión poderosa de la que es nuestro refugio, nuestro amparo y nuestro consuelo en las mayores tribulaciones». Se hacía un llamamiento para que los padres de familia concurrieran con sus hijos a fin de que acompañaran al cortejo.

En esa misma jornada, el Cabildo secular acordó que se hicieran rogativas públicas con las imágenes habituales en estos casos, es decir, el Santo Cristo de la Salud, la virgen de la victoria y los Santos Mártires. éstas serían trasladadas desde sus respectivas sedes eclesiales hasta la Santa Iglesia Catedral, que aportaba la imagen del Arcángel San Rafael. Para ello, el obispo Juan Nepomuceno Cascallana Ordóñez (1852-1868) dio la aprobación.

Al parecer el 2 de junio fue el día elegido para llevar a las veneradas efigies a la Basílica. La prensa local avisaba, con motivo de la procesión general, que las sagradas imágenes permanecerían en la Catedral hasta que terminaran «las actuales circunstancias».

La Congregación de Jóvenes que daba culto a la advocación del Sagrado Corazón de Jesús, de la iglesia de la Aurora María, enclavada en el barrio de la Trinidad, decidió procesionar en esa fecha una imagen de la virgen María.

También en esa jornada se llegó a efectuar la salida de la virgen del Carmen por las calles del barrio de El Perchel. veamos con más detalle cómo describió el periodista Francisco López, de El Avisador Malagueño, la procesión que no vio pero que se la contaron: «(…) salió anteanoche de la iglesia de Nuestra Señora del Cármen, se nos ha dicho que fue muy devota, y que en aquel barrio ha producido un grande efecto moral por la mucha devoción que todos sus habitantes tienen en las veneradas efigies que fueron sacadas, y particularmente en la Virgen que se venera bajo aquella advocación. El acompañamiento era numeroso, y el vecindario se agolpaba al paso de la procesion para pedir á Dios y á su Ssma. Madre, el remedio contra la calamidad que se padece, y de la que es hoy víctima también el referido barrio pues son bastantes, los atacados de la terrible enfermedad. ¡El Altísimo oiga piadoso tantos ruegos, nacido de lo intimo del corazón!».

El domingo 2, se realizó otra procesión —ésta sería la tercera que se registraba ese día— con las imágenes trasladadas al primer templo de la Diócesis malacitana. Así se recogió el acto por los medios de información: «La procesión salió de la Sta. Iglesia Catedral, como á las seis menos cuarto, cantando la letanía de los Santos. En ella iban el clero parroquial, el Ilmo. Ca- bildo eclesiástico, el Excmo. é Ilmo. Sr. Obispo, el Excmo. Ayuntamiento, presidido por el Sr. Gobernador, y las corporaciones y empleados que habían sido invitadas por la Municipalidad. El Sr. Comandante general, con los Sres. Gefes y Oficiales de los Cuerpos, aguardaba en la iglesia de la Victoria, como tambien infinidad de personas de todas clases, las mas con cirios, para acompañar á las imágenes. Organizada aqui nuevamente la procesion, y repartidose cirios á todos los convidados por la Municipalidad, regresó a la Catedral con las efigies de los Stos. Patronos Ciriaco y Paula, Ntra. Sra. de la Victoria y el Ssmo. Cristo de la Salud, por la espresada calle de la Victoria, plaza de Riego, y calles de Granada y de Santa Maria, cantando los salmistas y repitiendo el pueblo las letanias de los santos y Salmos penitenciales. Al paso del Ssmo. Cristo casi el pueblo todo se arrodillaba con grande devocion y afecto».

La prensa de la ciudad seguía informando del estado de la epidemia. La procesión del Corpus Christi había adelantado, en principio, la hora de salida —a las ocho de la mañana— para evitar los ardores del sol, pues se entendía que podría perjudicar la salud. Finalmente, la procesión del Santísimo se efectuó el 7 de junio a las seis de la tarde. En esa fecha, se emitió el siguiente parte:

«La enfermedad continúa estacionada, pues si bien se ha notado alguna menos mortalidad en estos últimos días, las invasiones continúan casi en la misma proporción. Sin embargo, llevamos un mes largo de epidemia, y es de creer haya adquirido ya todo su desarrollo, y por consiguiente que mas que en aumento vaya en descenso».

La novena que se celebraría en honor de los Santos Patronos en su sede parroquial, con motivo de su festividad, también adquirió carácter penitencial y de rogativa motivada por esta calamidad. En los días de los cultos, el Ayuntamiento dirigió un escrito al deán y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral para informarles que, debido a las ocupaciones de los miembros de esta corporación, no acudirían a la función principal de los Santos Mártires el 18 de junio.

Mientras dichas funciones religiosas tenían lugar, las rogativas públicas no cesaban. En el barrio de la victoria se estaba organizando una procesión de rogativa para el domingo 17, en que se sacaría a «la venerada imagen de Ntro. Señor de los Pasos, con el piadoso objeto de conseguir la total estincion de la cala- midad que nos aflige». Para tal fin, había sido creada una comisión, que suplicaba «á todos los individuos de la hermandad se sirvan asistir á dicho acto religioso: asimismo invita á los fieles de uno y otro sexo que se hallen en posibilidad de hacerlo, asistan con luces para que multiplicándo las ofrendas á este Divino Señor, se digne acceder á nuestras fervorosas súplicas». El recorrido acordado fue el que sigue: Cobertizo del Conde, Huerto del Conde, Frailes, Peña, Mariblanca, Álamos, Plaza de Riego (actual de la Merced) y calle victoria.

Llegado ese día, salieron a la calle la efigie de Nuestro Padre Jesús de los Pasos en el Monte Calvario, acompañada de las de San Francisco y el arcángel San Rafael, imágenes que presumiblemente se veneraban en la ermita victoriana. La procesión, que arrancó de la iglesia de San Lázaro, «era muy numerosa de personas de uno y otro sexo, con luces, y algunas señoras iban de penitencia sin zapatos. La carrera que siguió estuvo muy concurrida. La procesión fue devota, y propia para implorar misericordia».

La Junta Provincial de Sanidad declaró libre de la epidemia a la ciudad el 25 de junio. Cuatro días después, se cantó un Tedeum en la Catedral con asistencia de las autoridades eclesiásticas y civiles. Pese a la citada declaración se produjeron algunas defunciones en el mes de agosto y en torno a veinte en septiembre, como últimas secuelas de la mortífera plaga. Fue ésta una de las epidemias más devastadoras experimentadas en esta ciudad que, por su tránsito portuario, tan expuesto estuvo siempre a sufrir periódicamente estas contingencias48.

ESTATUTOS

Como se ha referido anteriormente, los Estatutos fueron aprobados por la reina Isabel II 18 de enero de 1861. El ejemplar que, afortunadamente, se conserva en el Archivo Díaz de Escovar aporta significativas cuestiones como los objetivos, la formación y la estructura interna de la Hermandad.

Las Reglas se inician con un Real Despacho en el que se expone lo siguiente: «Doña Isabel II por la gracia de Dios y por la Constitucion de la Monarquía Española,

Retrato de Isabel II

Retrato de Isabel II

Reina de las Españas. Por cuanto con presencia del espediente instruido en el Tribunal Eclesiástico de Málaga sobre aprobacion de los Estatutos nuevamente formados para el régimen y gobierno de la Cofradía titulada de NUESTRO PADRE JESUS DE LOS PASOS, establecida en la Iglesia auxiliar de San Lázaro de dicha ciudad fundada en mil setecientos seis, y erigida en Hermandad en mil setecientos once, en vista de lo informado en su razon por el Gobernador civil de la provincia y seccion respectiva del Consejo de Estado por mi real resolucion de diez y ocho de Enero último tuve á bien aprobar los citados Estatutos con la modificacion propuesta por la indicada seccion del Consejo de Estado (…)».

En el primer bloque se enuncian los objetivos: dar culto a Dios en la devota imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, practicar el Santo vía Crucis subiendo al Calvario los viernes del año, administrar el viático a los hermanos gravemente enfermos y enterrar a los hermanos difuntos49.

Haciendo una breve interrupción, estos Estatutos debieron ser una continuación de los de 1711, pues uno de los fines primordiales de los hermanos era la práctica del vía Crucis como atestigua una noticia de la prensa local de 1858, anterior a la aprobación en 1861 de las Reglas: «A la oración de la noche, hora en que llegará del Calvario la Via-sacra de la hermandad de Ntro. P. Jesus de los Pasos á la iglesia de S. Lazaro, donde se venera dicha efigie, terminará el setenario Doloroso que tuvo principio en la capilla del G.P.S. Francisco de Paula, predicando de Soledad el P. Mariano de Velez»50.

También esta práctica piadosa provocaba desórdenes y altercados como la crónica que facilita El Avisador Malagueño en 1866: «Como á las cuatro de la tarde subió al Calvario, saliendo de la iglesia de S. Lázaro, otra procesión con las efigies de Jesús Nazareno, la Verónica, S. Juan y la Virgen. Notamos con sentimiento el poco órden con que se verificó, y que mas bien fué motivo de distracción que devoción; como puede suponer- se sabiendo que con la procesión iban revueltas gentes de todas las clases, no pocas animadas mas de espíritu de broma que de devoción y respeto, y que el monte puede decirse estaba cubierto de millares de personas, que co- rrían, saltaban, tiraban por trochas, y tenían una algarabía infernal. La procesión subió á la carrera, y bajó lo mismo, sin que en ella fuese una luz, sin que se encendiese la capilla en la que tampoco pudo entrar la Virgen. Cuando ya la procesión había entrado en la calle de la Amargura al pié del monte hubo algunas carreras promo- vidas por una quimera; pero por fortuna no resultó ninguna desgracia. Sin embargo, no faltaron accidentes lamentables: una niña se cayó y se hizo una herida en la frente: también se lastimo una mujer, de resultas de otra caída; á un muchacho le hicieron un piquete en la frente de una pedrada, y una joven cayó acometida de un accidente»51.

Continuando con nuestra exposición, el segundo bloque concierne a la formación. La Hermandad podía admitir en su seno hasta un total de cuatrocientos hermanos, incluyéndose en este número personas de ambos sexos, mayores de 16 años, sin tacha moral y enfermedad. Los nuevos hermanos que ingresasen pagarían una cuota de cuatro reales mensuales y serían inscritos en un registro de asociados. éstos se beneficiarían de los beneficios espirituales que obtuviese la corporación, así como los ya concedidos por los Pontífices Clemente XIII (1758-1769) y Pío vII (1800-1823).

El tercer y último bloque, atañe a la estructura interna. Así, la junta de go- bierno estaría formada por dos hermanos mayores, un secretario-contador, un tesorero y un capellán-colector, como cargos principales; y por censores, consiliarios, albaceas y celadores, haciéndose constar las respectivas responsabilidades de cada uno de los integrantes. La Hermandad celebraría dos cabildos generales al año; uno, para la elección de directivos; y otro, para la aprobación de cuentas. Dentro de los aspectos económicos hay que reseñar que la Hermandad correría con los gastos derivados de los entierros y honras fúnebres. En este sentido, y ya en el capítulo funerario, con posterioridad al fallecimiento de un hermano se oficiarían veinte misas rezadas, a razón de una limosna de 6 reales cada una en el altar de la sagrada imagen. Mientras se celebrasen las exequias estaría colocado el cadáver en la bóveda o cripta de la Hermandad y arderían doce cirios y cuatro velas, al igual que en el camarín del Titular cristífero que ocupaba el espacio del presbiterio.

Finalizaban los Estatutos con unas disposiciones generales, indicándose, entre otros aspectos, que todos los segundos domingos de cada mes se reunirían los hermanos en la iglesia de San Lázaro, lugar en el que el capellán rezaría la Corona Dolorosa y, ulteriormente, se realizaría el vía Crucis, debiendo estar presidido por los hermanos mayores52.

ALTARES

En el siglo XIX existía en Málaga la tradición de visitar en número de siete los altares eucarísticos o monumentos del Jueves Santo que las distintas parroquias, iglesias y conventos instalaban en Semana Santa. De esta práctica participaban las hermandades y cofradías penitenciales, bajando a sus sagradas imágenes de los altares y colocándolas en el piso de las capillas53. En 1890, un diario local avanzaba la siguiente noticia: «Pasado mañana empezará, a las oraciones, según antigua costumbre en Málaga, la visita de altares, a cuyo efecto la mayor parte de las Hermandades, Cofradías y Archicofradías, se proponen adornar (…) Según la nota que tenemos a la vista, se adornarán con flores y profusión de luces suntuosos altares en San Juan, los Martires, San Agustín, Santiago, la Merced y en varios otros templos»54.

Efectivamente, días más tarde se anuncia la expectación que habían levantado dichos altares. En esta fiesta no solamente participaba el pueblo sino que también lo hacían las autoridades como queda referenciado en la siguiente información: «(…) parte del elemento oficial quiso coadyuvar al mayor realce (…), como lo hizo la Corporación municipal, concurriendo una numerosa representación del Ayuntamiento presidida por el Sr. Alcalde y Tenientes de Alcalde, a los oficios de la Catedral y visitando los Santuarios»55.

La junta de gobierno de la «Ilustre y Venerable Hermandad de Ntro. Padre Jesús de los Pasos, que se venera en dicha iglesia, ha acordado que hoy Jueves [Santo] haya monumento, á cuyo fin ha sido bajada de su camarin dicha efigie»56.

La Unión Mercantilde 1894 informa que en la iglesia de San Lázaro el Jueves y viernes Santo se hallaría expuesta la efigie de Nuestro Padre Jesús de los Pasos57. El mismo periódico no escatimó en elogios hacia los existentes en los templos y capillas como la Catedral, Santiago, San Juan, Mártires, Concepción, Santo Domingo, San Pablo, Carmen, Victoria, Castrense, Agustinas, San Lázaro, San Felipe, Aurora del Espíritu Santo, Cristo de la Salud, Merced, San Agustín, Cister y San Julián. Precisamente, sobre este último recalca que: «No recordamos un monumento más encantador por su brillante aspecto, que el de esta iglesia, que fue muy visitada por los fieles»58.

Dos años después el citado rotativo resalta la gran solemnidad que habían revestido los Divinos Oficios de San Julián con la asistencia de multitud de fieles. Asimismo, destaca la grandiosidad del monumento y el aspecto deslumbrador, tanto por las luces y variedad de flores como por la combinación artística de unos y otros elementos ornamentales. Continua diciendo el periódico que el recinto sagrado de la Hermandad de la Santa Caridad había sido uno de los mejores templos exornados debido, de alguna manera, al trabajo realizado por el capellán de la misma59.

En 1897, La Unión Mercantil vuelve a informar de los Divinos Oficios del Jueves Santo que tendrían lugar a las 10 de la mañana y que, a las 3 de la tarde de ese día, se procedería al lavatorio de los doce pobres asilados. En la jornada del viernes Santo, comenzarían los Oficios a las 10 y media de la mañana60. También lo hacía con respecto a «las antiguas costumbres» de visitar a las «efigies o insignias» en los distintos templos, donde aparecían colocadas en sus tronos o capillas. Pasamos a detallar algunas de las imágenes que estuvieron expuestas: «San Juan.- El Señor de la Puente, el de la Exaltación, la Vera Cruz, el Cristo de la Columna, la Virgen de los Dolores, y Jesús Nazareno. Mártires.- Concepción Dolorosa, Nazareno, Virgen de los Dolores, Oración del Huerto. Santiago.- Señor de Llagas y Columna, Jesús el Rico, Cristo de la Humildad, Jesús el Chiquito y Dolores. Merced.- Jesús de Viñeros, Soledad de Viñeros, Columna y Sangre. Santo Domingo.- Los Pasos, Dolores, Humildad y Cristo de la Buena Muerte (el Cristo de Mena). San Pablo.- Cristo, Dolores. Carmen.- Señor de la Misericordia, Dolores. San Lázaro.- Cristo de los Pasos. Victoria.- el Santo Sepulcro, el Cristo de la Epidemia, Dolorosa. Cristo de la Salud.- (San Telmo) Dolorosa. San Felipe.- Jesús el Pobre y la Virgen de los Servitas. Zamarrilla.- Nuestra Señora de los Dolores»61.

Esta sería, pues, la última noticia que hemos localizado de la Hermandad de los Pasos en el tramo final de siglo con respecto a la bajada de su imagen Titular del camarín al suelo de la capilla

PROCESIONES

Solo tenemos constancia documental, al menos a fecha de hoy, de una única salida procesional de la Hermandad de los Pasos en el Monte Calvario durante el siglo XIX, salvo las efectuadas de forma extraordinaria como la referenciada de 1860.

La prensa local informaba, con motivo de la visita a los altares, que en la iglesia de San Lázaro había quedado expuesto el Señor de los Pasos, que saldría en procesión el viernes Santo62.

En la jornada del desfile se anunciaba el itinerario que la comitiva efectuaría: victoria, Granada, plaza del Siglo, Molina Lario, Muelle, Marqués de Larios, plaza de la Constitución, Compañía, Torrijos, Álamos, plaza de la Merced, Huerto del Conde, Cobertizo del Conde, Lagunillas a su iglesia63.

Como se aprecia, la Hermandad debió tener presente, a la hora de elegir las calles por donde transitara el cortejo, las Lagunillas, o vías adyacentes como Altozano, por habitar en esta zona del barrio victoriano un importante número de fieles y devotos de la efigie del Nazareno de los Pasos. La crónica procesional publicada en los medios escritos de la época fue como sigue: «batia marcha una pareja de la guardia civil de caballería, siguiendole la banda de tambores y cornetas del Regimiento de borbon, larga comitiva de nazarenos con túnicas moradas, la sagrada escultura del Nazareno, con profusion de luces, la banda de borbon y un piquete del mismo Regimiento. Numerosa concurrencia presenció el paso de la procesion por todo el trayecto guardándose tanto por los que componian la manifestacion religiosa como por los espectadores, un orden adorable no teniendose que lamentar ningun incidente desagradable. A las once menos cuarte regresó la procesion á su iglesia. Los individuos de la guardia civil que iban abriendo paso, tuvieron que caminar á pié, llevando los caballos de la brida por ofrecer un verdadero peligro la cera derramada la noche anterior en las calles que recorrieron, las procesiones»64.

Al hilo de esta mención, las hermandades que salieron a la calle en la jornada del Jueves Santo fueron: de la parroquia de Santiago, la Humildad; de San Juan, las del Rescate y Puente del Cedrón; y de Santo Domingo, la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús65.

DECADENCIA, POSTRACIÓN Y REORGANIZACIÓN

En los años finales de la centuria decimonónica y principios de la siguiente numerosas cofradías entraron en un aletargamiento institucional motivado por la crisis que se vivía en España en general y en Málaga en particular. La Hermandad de los Pasos, y en su nombre José González Rabaneda, hermano mayor de la «Ylustre y Venerable Hermandad de nuestro padre Jesús Nazareno de los Pasos Sacramental», presenta en el Gobierno Civil el 10 de junio de 1902 un escrito en el que expone: «Que cumpliendo lo dispuesto en la ley de asociaciones de 30 de Junio de 1887 y en el Real Decreto de 19 de Setiembre último [1901], acompaña una lista con los nombres de las personas que constituyen la Junta Directiva de dicha Hermandad, y dos ejemplares del Reglamento por que se rige la misma, en el cual se explica detalladamente su denominación, objeto, la forma de su administración y todos los demás particulares que exige el artículo 4.o de la citada ley de 30 de Junio de 1887»66.

La junta de gobierno que se cita en el texto queda formada así: hermano mayor primero, José González Rabaneda; hermano mayor segundo, Silverio Ruiz García; tesorero, Antonio Duarte del Pino; secretario, Emilio Vargas Medina; vocales, Rafael Calvo Murillo, José Ramírez Cano, Cayetano Santiago y Antonio González Estévez; albacea, Manuel López García67.

No volvemos a localizar ninguna otra noticia de la Hermandad de los Pasos hasta 1908, en que en una nota de prensa muy escueta se dice: «Esta noche á las ocho se reunirá la hermandad de Nuestro Padre Jesus de los Pazos [sic]para la designacion de campanilleros y bastoneros»68. De este parco dato se infiere que la Hermandad hace intentos de sacar procesionalmente a su venerado Titular. No sabemos, por la falta de información, si llegó a salir o no en la Semana Santa de ese año.

En 1910, la junta de oficiales que, por entonces, presidía Ricardo Ramírez Vergara, entra en una situación difícil, vendiendo propiedades y descuidando el culto establecido en los Estatutos69. La situación institucional debió empeorar hasta su definitiva disolución.

Manuel Sánchez Pérez (derecha) en la procesión de Resucitado junto a Antonio Baena (centro) y Enrique Navarro.

Tras un proceso refundacional, en el que participan José Fernández, Ramón Jiménez, Salvador Trella, Juan Gambero y José Molina, la Hermandad de los Pasos queda reorganizada el 5 de octubre70 y el 16 del mismo mes se dirige un escrito al Gobierno Civil, comunicando la composición de la junta de gobierno: primer hermano mayor, Francisco Linares Vivar; segundo hermano mayor, José Pulido; secretario contador, Ramón Giménez Rodríguez; tesorero, José Fernández Gutiérrez; primer albacea, Juan Gambero Rodríguez; segundo albacea, Eugenio Mata; consiliarios, José Molina Guillén, Carlos Barón Fernández, Salvador Trella Tirado, Antonio Trigueros Burgos; celadores, Ángel Salcedo Santamaría, Juan Crossa Medicis, Salvador Tello Herrera; y capellán, Juan Rodríguez71.

A partir de esa fecha se inicia una nueva etapa en la secular historia de esta corporación que vendría acompañada por el ingreso en la Agrupación de Cofradías de Semana Santa en 192572 y la incorporación en 1928 de una Cotitular, bajo la advocación de María Santísima del Rocío. El artífice de esta agregación sería el hermano mayor Manuel Donato Sánchez Pérez73, quien tenía su domicilio en calle victoria número 122 principal y en él actuaba como representante del escultor valenciano Pío Mollar French en Málaga y Córdoba74.

 

Andrés Camino Romero
Doctor en Historia. Director de la revista La Saeta

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